Templo de Baragüa

En 1840 Baragüa había sido erigida capital del Municipio (hoy parroquia), cuatro años mas tarde (1844) el señor arzobispo de Caracas, Monseñor Ignacio Fernández decreta la erección de este poblado como parroquia eclesiástica, así mismo decreta la edificación de un templo en sustitución de la pequeña capilla existente, y ordena al Vicario foráneo del Partido de Carora, trasladarse hasta este pueblo para trazar el cuerpo del futuro templo, dotándolo de Sacristía, Bautisterio y Campanario, al mismo tiempo colocar la primera piedra de la obra.

En noviembre de 1844 el Pbro. José Maria Tirado Vicario del Partido de Carora, se traslada al pueblo para dar cumplimiento al citado decreto, poniendo la primera piedra. Pero las dificultades económicas de la época impidieron su comienzo.

A principios del año 1859, el Presbítero Domingo Vicente Oropeza, Cura propio de Aregue y auxiliar de Baragüa se traslado a Caracas en busca de los planos para la construcción de la Iglesia. Gracias a los aportes económicos de la señora Maria Eustaquia Rivero de Cordero, hija de don Juan Isidro Rivero, y con la ayuda de otros acaudalados como el “Isleño” Pablo de León Ferrera; el padre Oropeza comienza la construcción de esta obra.

En enero de 1861, el padre Oropeza deja de ser cura Auxiliar de Baragüa, por lo que la construcción queda paralizada. Pero en 1865 este regresa y con ello se reemprenden los trabajos en la obra; gracias a la ayuda permanente de sus vecinos y a las contribuciones de otros donantes, recursos que prácticamente se agotan en 1867, lo que amerita paralizar los trabajos; pero a partir de 1872, gracias nuevamente al apoyo y colaboración de sus moradores y vecinos, se reinician los trabajos.

Desde septiembre de 1875 hasta enero de 1877, el Pbro. Wenceslao Aldana, Baragüeño de nacimiento sustituye al padre Oropeza. Continuando con dichas labores, y al reincorporarse este ultimo la construcción continua hasta el año 1882, cuando nuevamente se paraliza la obra, tras una divergencia y honda enemistad entre los baragueños y el padre, motivado a su conducta domestica, y bajo el peso de esas acusaciones el Sr. Obispo de Barquisimeto, Monseñor Víctor José Diez, lo cambia y nombra nuevamente al padre Wenceslao Aldana.

Tras el nombramiento de Aldana, la población entera se dispone a continuar la ejecución del Templo, para lo cual se constituye una asamblea popular, presidida por el Jefe Civil, el Presidente de la Junta Comunal y el propio cura; los cuales eligen una “junta de fomento del Templo”, presidida por don Ramón Ramírez, Mamerto Ramírez (Vice-Presidente), Justo Rivero, Julián Meléndez y Candelario Riera (vocales), pero a los pocos meses fallece don Mamerto y su puesto es ocupado por el General Miguel G. Meléndez, quien posteriormente seria nombrado Presidente del Estado Lara (1893 y 1894).


Dicha junta inicio sus labores nombrando varias personas para recaudar fondos en los distintos caseríos vecinos y otros pueblos y ciudades. Pero entonces sobrevino un ruidoso pleito judicial entre el padre Oropeza y la Junta, debido a que el Cura influido por pasiones violentas y por un inexplicable resentimiento, por que ciertamente el había puesto mucha de su vida y sus esfuerzos en la obra del Templo, ejecutando un aproximado del 60% de la obra; demanda judicialmente al Presidente de la Junta; Ramón Ramírez, acusándolo de apropiación indebida de algunos materiales de construcción que el había dejado para proseguir los trabajos y que justamente se estaban empleando en la misma, sin recordar el Padre Oropeza que esos materiales provenían de las contribuciones que el mismo pueblo y sus allegados venían dando para la terminación de la Iglesia, además de que los sábados y domingos el pueblo acudía en masa a la plaza publica para luego ir en caravana a buscar piedras y arena al río, o para traer alguna alfarería, ladrillos y tejas o para buscar cal y otros materiales de construcción en otros sitios.


La demanda del Padre Oropeza no prospero, por el contrario esta se volvió en su contra, ya que fue vencido en todas las instancias, condenándolo a pagar las costas procesales y a devolver a la junta otros materiales que tenia en su poder y otros que avían sido trasladados a Curarigua y Arenales.

Pero esta Junta tampoco pudo darle término a la obra y en 1889 cesan los trabajos. Catorce años más tarde (1903), se constituye otra Junta para terminar el Templo, impulsada por la visita pastoral de Monseñor Aguedo Felipe Alvarado. Esta junta estuvo presidida por Don Candelario Riera y luego por Don Julián Meléndez, quienes nombraron una serie de recaudadores de fondos en los diversos caseríos con contribuciones mensuales.

El Presbítero José Elías Arroyo, estuvo encargado de la parroquia, cuando se terminaron los trabajos del cuerpo principal de la Iglesia, que fue bendecida e inaugurada el 23 de octubre de 1906, aun cuando le faltaba por terminar el tercer piso de la torre y su cúpula, cuyos trabajos se concluyeron el 23 de octubre de 1914, bajo las ordenes del Pbro. Manuel Antonio Torres Pérez.

Bibliografía-Urdaneta en Magazine del Lic. Douglas López.